Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman
Cuando existía Templo en Jerusalem, al día siguiente al Seder, la comida de Pesaj, la Pascua hebrea, los judíos comenzaban a ofrendar al Templo, diariamente, un “omer”, una “medida” de cebada. Esa ofrenda se presentaba durante 49 días (siete “shavuot” o “semanas”) hasta llegar en el día 50, a Shavuot, la fiesta que recuerda la entrega de la Torá (Pentateuco) en el monte Sinaí.
En la tradición cristiana también se cuentan 50 días a partir de la Pascua, para llegar hasta Pentecostés, festividad con significado similar a Shavuot.
Aunque el Templo ya no existe en Jerusalem, el pueblo judío sigue contando “los días del omer” después de la Pascua. Con la esperanza puesta en que algún día, el Templo se volverá a reconstruir. Esos días del omer se cuentan sobre el calendario hebreo.
Las letras del alfabeto hebreo se usan como números, “33” se escribe con las letras “L” y “G”, se lee Lag. Lag Baomer es el día 33 de la cuenta del omer.
¿Qué sucedió en esa fecha?
El Talmud, la redacción escrita de la jurisprudencia hebrea, es aquí testigo de la historia. Varias historias, en realidad. Vamos a contar sólo algunas, para no alargar esta nota.
El origen de una Halajá (Jurisprudencia)
Un episodio del Talmud, (Tratado Yebamot –cuñadas-, folio 62b.), se ubica hacia fines del siglo I e.c. Nos deja ver que en ese entonces, el estudio de la Ley Hebrea atraía a miles de estudiantes. No había libros donde leer la jurisprudencia, toda la enseñanza era verbal, los alumnos iban a escuchar a los grandes rabíes. El Talmud cuenta que rabí Akiba tenía 24.000 discípulos que lo seguían por las calles, para escuchar de su boca, las enseñanzas. ¿Qué enseñaba rabí Akiba?
Las múltiples explicaciones de la Ley hebrea. En la calle, la academia y a todos, la jurisprudencia. En privado y a unos pocos alumnos elegidos, el significado místico de la Torá, la Cábala. La cábala era en ese entonces, una ciencia secreta.
Tantos eran los discípulos de Rabi Akiba que empezaron a discutir. No es difícil imaginar lo que sucedió. ¿Qué pasa hoy en día, cuando hay tanta gente que pretende saber más que el vecino, o cuando se hacen campañas entre los partidos políticos? No se pueden evitar los enfrentamientos. El Talmud dice que los alumnos discutieron hasta tal punto, que perdieron el respeto uno por el otro. Como castigo divino, esos discípulos empezaron a morir de peste contagiosa.
Los discípulos rezaban y pedían al Señor que detenga la peste. 33 días después de Pascua, la peste se detuvo y los que sobrevivieron lo atribuyeron a milagro divino. Desde ese entonces, “Lag Baomer” es día de fiesta hebrea. Los rabíes deducen una halajá de este relato: La discusión no puede llegar a perder el respeto por el contrincante, peor aún, si uno empieza el camino de faltarse el respeto e insultarse, eso se convierte en “peste contagiosa”, dañina para todos.
Otro episodio, de unos años más tarde, que relata el Talmud. El gobierno romano quería impedir a toda costa que los rabíes enseñaran la ley hebrea. Algunos emperadores fueron más sanguinarios que otros, ordenaron destripar vivos a los rabíes que a pesar de la prohibición, seguían enseñando. Así murió rabí Akiba. Muchos midrashim- relatos rabínicos- rodean este episodio, pero dejamos ese tema para otra ocasión.
Simeón Bar Yohai fue uno de los alumnos de rabí Akiba. Cuentan que el maestro se negó a concederle el título de rabino debido a su mal carácter. Simeón sólo pudo acceder a la ordenación rabínica después de la muerte de rabí Akiba. Simeón era muy especial, él lo sabía y no dudaba en decirlo a la gente. No podía guardarse su mal genio y destrataba a los demás, pero a pesar de eso, el midrash asegura que el Señor intervenía en su favor. Cuando sus discípulos admiraron a un compañero que dejó los estudios de Torá y se enriqueció haciendo negocios, rezó para que el valle de Meron se cubriera de monedas de oro y así sucedió. “Tomen el oro si quieren, pero sepan que es a cuenta de lo que les corresponde en el mundo del futuro”, les previno Simeón. Rezaba para que las mujeres infértiles tuvieran hijos o que los enfermos sanaran y el Señor accedía a sus ruegos.
Cuenta el Talmud (Tratado Shabat – Sábado- folios 33b a 34ª) que en una discusión, Rabí Iehuda elogió a los romanos. “Han mejorado mucho nuestra ciudad. Construyeron calles, puentes, baños” Rabí Yose, guardó silencio. Rabi Simeon bar Yohai, explotó. “Todo lo que hicieron los romanos, fue para su propio beneficio. Calles, para que en ellas se les pudieran ofrecer las mujeres fáciles. Puentes, para cobrar peaje. Baños, para darles gusto a su cuerpo”.
Cuando el gobernante romano se enteró, ordenó:
-Rabí Iehuda, que nos alabó, será representante de los hebreos. Rabí Yose, que no dijo nada, irá al exilio en Séforis. A Simeon bar Yohai, ¡que lo busquen y lo maten!
Simeon bar Yohai al saber la noticia, se escondió en un principio en la casa de estudios, y todas las noches venía su esposa a traerle comida. Simeon lo conversó con su hijo Elazar:
-Los soldados pueden verla y sospechar.
-Es una mujer, si los soldados la interrogan como acostumbran, ella no resistirá la tortura .Dirá dónde estamos y luego, la matarán.
Y Simeón ordenó a su esposa:
-No vengas más, es peligroso. Nos iremos a las cuevas de la montaña.
Padre e hijo se quedaron escondidos en una cueva durante doce años, cerca de la ciudad de Meron, en la Galilea. “Una fuente de agua y un algarrobo fueron creados para él”, dice el Talmud. El solo hecho de que conservaran la vida con ese magro sustento durante tanto tiempo, fue tomado como milagro divino.
Un midrash, explicación rabínica, cuenta que al finalizar esos doce años, el propio profeta Elías se paró en la entrada de la cueva y gritó ¿alguien puede informar a Simeón que el César de Roma ha muerto y el decreto que ordenaba la muerte de Simeón ha sido revocado? Al escucharlo, Simeón y su hijo se animaron a salir.
Primeras redacciones de la Cábala hebrea
La tradición de la cábala hebrea dice que, mientras vivió en la cueva, Simeón bar Yohai comenzó a dictar o a escribir el Zohar, el “Libro del esplendor ” en el que reveló la sabiduría esotérica de la Torá, la comprensión de algunas de sus verdades más profundas, lo que se llama Cábala. Hasta ese entonces, el Sod , significado oculto de la Torá , los misterios del alma y la Creación, eran transmitidos en privado y verbalmente, a escasos hombres elegidos de cada generación. Es posible que el Zohar fuera compuesto tal como hoy lo conocemos con posterioridad, en la Edad Media, pero es evidente que Rabí Simeón impulsó la difusión del misticismo hebreo, que con el transcurrir del tiempo, ganó una audiencia y enseñanza cada vez más amplia, que sigue en aumento hoy en día.
Otro midrash agrega que el ángel Metatrón lo llevó a un viaje por el tiempo y Rabí Simeón pudo conocer cuándo llegaría el Mesías y cuándo sería el fin del Mundo. Pero estos y otros conocimientos profundos de la Cábala, hasta ahora no se han hecho públicos. Tal vez, son privilegio de unos pocos en cada generación.
En Meron, hoy en día
Rabí Simeón falleció el día 33 de la cuenta del omer, Lag Baomer. Antes de morir instruyó a sus discípulos que observaran el aniversario de su fallecimiento con alegría, porque es fecha que recuerda el punto culminante de todo lo que él logró durante su vida física. La tradición mística dice que en cada aniversario de muerte, su alma vuelve a conectarse con su origen en los mundos celestiales.
Hasta dónde llegó el entendimiento de rabí Simeón … posiblemente lo sabían sus primeros alumnos , es de pensar que ellos lo transmitieron y algunos hombres en cada generación, lo siguen transmitiendo a alumnos elegidos . En todo caso, los hombres judíos ortodoxos vienen en Lag Baomer de todas partes del mundo a Meron y literalmente llenan la zona cercana a la cueva donde está enterrado. Al atardecer hacen grandes fogatas, beben, brindan, bailan las viejas danzas jasídicas, realizan el primer corte de cabello a los niños varones, festejan durante toda la noche, en honor a Rabí Simeón… y con la esperanza puesta en la redención de la humanidad. La mayor de las fogatas se forma junto a la tumba de Rabí Simeón en el Monte Merón, en la Alta Galilea. A su alrededor, se instalan carpas para dar de comer a todos los peregrinos que acuden al lugar. Casi nadie duerme esa noche.
Esas celebraciones también se hacen en comunidades jasídicas tan severas como la de los jasidim (piadosos) de Satmar, en la localidad de Monroe, U.S.A. Busquen en youtube y verán los videos. Observen que sólo se ven hombres, no hay mujeres bailando ni cantando entre ese público, si las hay, son turistas y están lejos de los círculos masculinos. Claro está, todos esos videos muestran simplemente “lo que se ve” y no reflejan el fervor y el misticismo que flotan en el aire. Ni tampoco explican aunque sea alguno de los simbolismos de lo que está sucediendo.
Un midrash dice que la Torá es ley de fuego, cada una se sus letras es fuego ardiente. Esta interpretación se apoya en el texto bíblico. Como lo dice el Profeta Jeremías: ¿Acaso no es Mi palabra como el fuego, ha dicho el Eterno?
Otro midrash cuenta que el arco iris no apareció nunca en el cielo en el curso de la vida de Rabí Simeón. En Génesis, 9: 9-17, el Señor promete que toda vez que la humanidad sea tan indigna como lo fue en la generación del Diluvio, el arco iris le recordaría Su promesa hecha en tiempos de Noé, de no volver a destruir el mundo. Mientras Rabí Simeón estuvo vivo, su sola existencia fue suficiente para asegurar que el Señor no lamentara Su creación.
Lag Baomer también se celebra en sinagogas y barrios judíos de las ciudades de Israel, con bailes tradicionales y con desfiles en varias ciudades del mundo. Muchas veces, aquí participan muchachos y muchachas, en celebraciones más modernas. Otro detalle. No se celebran bodas ni fiestas entre Pesaj y Shavuot, (Pascua y Pentecostés) porque esos 49 días son tiempo de esperar la Ley. Un solo día durante ese tiempo se realizan bodas, en Lag Baomer, porque es una fecha en que alegrarse se considera una mitzvah (deber religioso).
Un midrash dice que cuando salieron de la cueva de Meron, Simeón y su hijo vieron unos niños jugando con arcos y flechas.
-¿Qué están haciendo?, preguntaron los rabíes.
– Jugamos a los soldados para celebrar que los soldados romanos ya se fueron de nuestra tierra, contestaron los muchachos.
Este midrash ha dado origen a una costumbre que el pueblo judío ha mantenido hasta el día de hoy. Recuerdo cuando le pregunté a mi papá, z’l (que su memoria sea bendición):
-Papá, ¿cómo festejaban Lag Baomer en Polonia, en tu pueblo?
-¡Era muy divertido!, me dijo riéndose. Si no llovía, después de comer, los niños llevábamos la reposera de lona de mi padre al bosque, al costado del pueblo. Allí, padre nos daba su cuchillo y varios metros de cuerda. El se recostaba para una siesta y nosotros nos fabricábamos arcos y flechas con las ramas de los árboles. El cuchillo lo manejaba yo, porque era el hermano mayor. Los chiquitos ataban las cuerdas.
-¿Jugaban a la guerra? ¿Se peleaban entre ustedes?
-¡No! Tirábamos flechas sobre un madero pintado con círculos. Casi ninguno acertaba en el blanco, las flechas se nos caían por los costados.
-No tenían buena puntería…
-El problema no era la puntería sino esos arcos.¡Se nos deshacían con cada flechazo!
Lag Baomer y sus historias
19/May/2014
Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman